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Historia

De la antigüedad a la Edad Media

El origen de Maracena se pierde en el tiempo y es posible que haya que buscarlo en la época romana. Así lo atestigua su nombre, Maracena, que según el insigne lingüista e historiador Ramón Menéndez Pidal atribuye al poseedor de la Villa o Villae en esa época. La Villae, auténticos precursores de los cortijos andaluces, eran unas edificaciones enormes propiedad de un hacendado y que con frecuencia eran nominadas con el nombre de su poseedor. En este caso Menéndez Pidal apuesta por el nombre propio de Maratius aunque en su libro "Toponimia Prerrománica Hispana" duda de si ese nombre llegó a existir. Yo personalmente pienso que el verdadero nombre fue el de Villae Martiana. Esta es la fórmula más acertada debido a la evolución posterior en época árabe. Que Maracena era un centro importante de población lo demuestra el que en la actual Casería de Titos se halló en la década de los 70 una piedra de molino de aceite datada en el siglo II d.C. Curiosamente aún, 1800 años después, se sigue moliendo aceite en esta parte del término municipal de Maracena.

La época visigótica no dejó apenas vestigios en nuestra localidad aunque sí en zonas muy cercanas como el Cortijo Marugán en Atarfe o en la toponimia de Peligros con el conocido cerro Vándalo. Tribu germánica expulsada de la Península Ibérica tras el Tratado entre Visigodos y Roma.

En 711, con la llegada de los pueblos árabes y del Norte de África a Hispania, Maracena empezó a cobrar verdadera relevancia como población. En ese año o en los inmediatamente posteriores se estableció en Maracena una importante familia procedente del norte de la península arábiga, los Muharibíes. Este clan, perteneciente a la tribu de los Qaysitas, de la mano de su jeque Honayda vivió durante varios siglos en Maracena. Uno de sus descendientes, Sawar ibn Handum Al Muharibí, fue en 889 Caudillo del Ejército árabe que repelió la revuelta muladí de Ibn Hafsun. Sawar hizo fortificar Qastilya, antigua fortaleza romana ubicada en el monte de la Sabika. De su iniciativa surgieron las Torres Bermejas y la Alcazaba, embrión de la Alhambra de Granada.

Durante ese tiempo Maracena, ahora llamada Al Qaryat Marasäna, apenas si evolucionó de una pequeña explotación agraria hasta una población de apenas varios cientos de personas.

Sin embargo en el siglo XI surge la figura de Muhammad ibn Malik Al Tygnarí. Este personaje nació en la Alquería de Tiygnar, de ahí su apelativo, pequeño poblado difícil de ubicar y que en Albolote señalan que se podría hallar en su término ya que existe un pago con un nombre parecido mientras que desde Maracena no se descarta que se trate de Las Tinajas, pago maracenero que hasta hace muy poco tenía un núcleo de población aislada del resto de la localidad. Consultada la Profesora Doña Expiración Sánchez, del Centro de Estudios Árabes dependiente del CSIC (Centro de Sociología e Investigaciones Científicas), órgano dependiente del Estado, y máxima autoridad en la figura de Al Tignarí, nos dice que no se puede afirmar, sin excavaciones arqueológicas, que pueda ser de un lado u otro del Juncaril. Al Tignarí compuso un tratado de agronomía que habla de la erudición de la época y en la zona y de lo importante que era la agricultura en esta parte de la Vega de Granada. Durante todos estos siglos hasta la llegada del XV Maracena vivió, como todos los pueblos del entorno, una época de prosperidad sin igual. De vez en cuando, alguna incursión cristiana quebraba esa paz, como la de Alfonso I el Batallador, Rey de Aragón que, en busca de mozárabes granadinos, en su huída arrasó y quemó Maracena el 22 de enero de 1126. Suponemos que en Maracena hubo una torre vigía pues está documentado que los Reyes Católicos quemaron más de treinta en la Vega y en las poblaciones más grandes. También que hubo un monasterio de monjes guerreros o mujaidines ya que está constatada la existencia de un Pago llamado Rábita en el siglo XV. Ribat es el nombre árabe para este tipo de monasterios, nombre que acabó derivando en rábita en castellano.

A principios del siglo XV, en 1431, Los reinos castellano y aragonés dominaban la práctica totalidad de la Península Ibérica a excepción del Reino de Granada que ocupaba las actuales provincias de Granada, Málaga, Almería y parcialmente las de Cádiz, Jaén y Murcia. El rey castellano Juan II y su General Don Álvaro de Luna decidieron poner cerco al último reino musulmán y finalizar la Reconquista, Tras varias razias llegaron a la Vega de Granada y protagonizaron la famosa Batalla de la Higueruela que tuvo lugar en los términos de Maracena, Peligros, Albolote y Atarfe. Fue en Maracena donde se estableció el campamento cristiano y fue en la Acequia Gorda, entre Maracena y Atarfe, donde encontró la muerte el valeroso caballero medieval Don Martín Vázquez de Arce más conocido como el Doncel de Sigüenza. Sin embargo tras una apabullante victoria los ejércitos cristianos se marcharon de Granada para no volver hasta pasados 60 años. Está decisión pudo estar motivada por los terremotos que asolaron Granada, y los cuales están documentados, en julio de 1431 y que hicieron temblar hasta las tierras del Levante español.

Ya en 1492 los Reyes Católicos redujeron el pequeño reino nazarita y provocaron un cambio en el orden mundial y, por supuesto en Maracena.

Epoca moderna, siglos XVI y XVII

Mientras España miraba al Nuevo Mundo, los moriscos maraceneros observaban como sus tierras les eran expropiadas y entregadas a gentes cristianas procedentes de La Rioja, Navarra, Extremadura u otras partes de la Andalucía ya cristianizada. Según reza en el Libro de Apeos de Maracena, la localidad tenía por entonces más de 200 vecinos, esto es unos 800 habitantes.

Con la llegada de los cristianos se edificó la Iglesia de la Encarnación, que como todas las que reciben este nombre en la Vega, fue consagrada por los Reyes Católicos por lo que es de suponer que Isabel y Fernando llegaron a pisar nuestro municipio para bendecir el nuevo templo. La Iglesia, de estilo mudéjar, contó durante muchos años con un camposanto adosado, tal y como reflejan las actas de defunción de la misma parroquia.

En el siglo XVI y XVII la población de Maracena va ampliándose perteneciendo, siempre, a la jurisdicción de Granada donde se dictan las órdenes propias de su gobierno. Elección de ediles, obras públicas, alguaciles, etc. tal y como reflejan los archivos municipales del Ayuntamiento de Granada.

Época Contemporánea, del XVII a la actualidad

En los siglos posteriores Maracena, volcada con la agricultura y la vid en concreto, sufre diversas pestes derivadas de plagas y epidemias que diezman su población. Llega la amortización de Madoz y Mendizábal y con ella el reparto de las tierras de la Iglesia a ricos terratenientes que conforman una nueva burguesía en Maracena. Las familias Rojas, Ballesteros, Zurita o Martínez Cañavate dirigen desde el inicio del siglo XIX los designios de la población. En ese mismo siglo la filoxera, auténtica plaga que azota las vides de Granada atrae un nuevo cultivo; el de la remolacha que cambia la economía en Maracena. Aparecen nuevos núcleos de población como La Bobadilla o el Cerrillo de Maracena que, aunque pertenecientes al término municipal de Granada, quedarán vinculadas para siempre a Maracena. Surge el fenómeno de la emigración transatlántica. Decenas de maraceneros se marchan a América, fundamentalmente Argentina y Venezuela. A finales de siglo surge un nuevo urbanismo, se trazan nuevas calles, se amplía el Cementerio del Camino de Albolote, existente desde hacía algunas décadas. Maracena empieza a parecerse a lo que hemos conocido los que nacimos antes de 1970. Los pagos van cambiando su nombre, Al Homar es Palomares, Adaraxemel es La Paz, Tignar es Tinajas, y así sucesivamente. Surge el culto a la imagen de Santa Rosa de Lima, virgen que, según la leyenda, se apareció en la leñera del Cortijo del Camino de Albolote y que desde el siglo XVIII se convirtió en Ermita. Así lo refleja el plano realizado por el catastro del Marqués de la Ensenada.

Con el siglo XX llegó el cultivo del tabaco, la aparición de la Fabrica del Tabaco, el trabajo en la construcción y los tiempos de la II República que nos dejaron la presencia de un personaje real pero destinado a entrar en la leyenda de este pueblo; Don Emilio Carmona. Alcalde republicano y socialista que tras la sublevación fascista fue encarcelado. Don Emilio fue un auténtico humanista del siglo XX, una buena persona, un buen padre y un amante esposo. Devoto de su pueblo y sus gentes que en 1979 reconocieron su valía dando nombre a uno de los mejores colegios de la provincia.

De todos son conocidos los episodios tristes que la Guerra Civil y la postguerra dejó en todo el país y Maracena, luchadora, obrera y muy de izquierdas, no fue menos sufriendo una gran represión que acentuó su carácter transgresor y progresista. Esa característica quedará patente en la época de la dictadura franquista en la que el resto de poblaciones del entorno, incluida la capital, la llegan a llamar Rusia la Chica. También es conocido el humor de los maraceneros que se siguen sobreponiendo a la adversidad. Son muchos los granadinos que se suben al tranvía para escuchar los chascarrillos del "Tío Arcas" o "Manolico el Carretero", entre otros. Personajes que ya forman parte de nuestra historia y nuestra singularidad.

Maracena es en la actualidad una pequeña ciudad que sigue guardando tufillo a pueblo. A pueblo trabajador y abnegado, de gentes diversas e implicadas en todos los órdenes de la vida. Una población en la que la alternancia política arroja un activo democrático sin precedentes, una ciudad en la que valores como la Cultura y el Deporte marcan su predisposición a la convivencia. Maracena es y seguirá siendo, referente de otras muchas localidades que admiran el humor de nuestras gentes pero, a la vez, su seriedad, laboriosidad y solidaridad con los más desfavorecidos.

Emilio Morales
Periodista

Actualizado (Martes, 06 de Abril de 2010 08:16)

 
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